Ni el calor ni tener una población muy joven van a salvar a África del coronavirus

Con más de 465.000 casos en el continente y 30.000 muertes, Europa es el principal foco de la pandemia de coronavirus, que se ha cebado especialmente con Italia y España. De África, continente sobre el que se temía se convertiría en una catástrofe si el virus llegaba, apenas hay noticias. El 14 de febrero titulábamos “El coronavirus llega a África: ¿estamos ante la verdadera explosión mundial del virus?”. La primera explosión ha sido, en cambio, la de Europa. Pero que no se escuche hablar de África no significa que sea una buena noticia.

Según el Centro de Control de Enfermedades (CDC) de África, los casos contabilizados alcanzarían los 7.033 contagios y 287 fallecimientos en en el continente. Y aunque el virus haya tardado en llegar, el crecimiento está siendo disparado. En apenas unas semanas Sudáfrica, el país más afectado pero también uno de los que más poder de diagnóstico tiene, ha pasado de un puñado de casos a más de mil. De los 54 países africanos, 50 han informado ya de algún caso. Siguen sin anunciar contagios de coronavirus Comoras, Lesoto, Santo Tomé y Príncipe y Sudán del Sur.

El crecimiento de los casos en África, según afirmó este jueves la directora regional de la OMS Matshidiso Moeti, está siendo “exponencial”. “Pasaron 16 días desde el primer caso confirmado en la región hasta alcanzar los cien casos. Pasaron diez más para alcanzar el primer millar. Tres días después, había 2.000 casos, y dos días más tarde teníamos 3.000”. Naciones Unidas ha advertido en decenas de ocasiones sobre la “explosión” que significará la llegada del virus al continente africano. Muchos países africanos han tomado nota y han impuesto desde confinamientos a toques de queda o limitación a los eventos públicos.

Sin embargo, la lentitud con la que llegaron los primeros casos -el primero en África subsahariana se informó en Nigeria el 28 de febrero; fue un trabajador italiano-, el hecho de que el continente tenga una población muy joven y las temperaturas más cálidas de la mayoría de los países africanos han extendido entre muchos la noción de que África no sufrirá tanto por la llegada del coronavirus, que globalmente ha infectado ya a más de un millón de personas, de las que más de 58.000 han fallecido con el Covid-19.

Sin embargo, apuntan expertos epidemiológicos y sanitarios de la región, no es así. Y si no se ataja a tiempo, puede ser “catastrófico”. La secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para África de la ONU, Vera Songwe ha advertido que el continente está a tan solo dos o tres semanas de evitar una “tormenta tan brutal” como la de Italia o España.

Una población muy joven… pero enferma

La media de edad de los países de África subsahariana apenas llega a los 20 años y los mayores de 65 años apenas representan el 3% de la población. Tanto en China como en Europa, y muy especialmente en Italia, la mayoría de los fallecidos han sido personas con más de 70 y 80 años. La enfermedad parece pasar casi inofensiva en los más jóvenes, por lo que muchos sostienen que la jovencísima población africana estaría “a salvo”.

Pero estos buenos datos no tienen en cuenta las patologías previas: la mayoría de los fallecidos con Covid tenían una o dos patologías previas, y los daños en los pulmones es la que más predispone a cuadros más graves del Covid e incluso a la muerte.

En muchos países africanos, enfermedades pulmonares como la tuberculosis son una epidemia recurrente. La tuberculosis mata a más de 700.000 personas en África cada año. La malaria, otra enfermedad muy arraigada en determinadas zonas del continente, también debilita el organismo frente al Covid. En torno a 25.7 millones de personas viven con VIH en África subsahariana, según la OMS. Todas esas son patologías previas que hacen más vulnerables a la población africana, aunque sea más joven.

“Malnutrición, anemia, malaria, VIH/Sida y la tuberculosis aumentan la severidad del Covid-19. África no verá seguramente la misma narrativa de ‘la mayoría de la gente que lo coja lo pasará sin problemas’”, apunta Neema Kaseje, directora del Centro de Investigaciones de Sistemas Quirúrgicos en Kisumu, Kenia.

Una cola con puestos de
Una cola con puestos de

¿Bastará con el calor?

También se ha afirmado que las temperaturas pueden ayudar a controlar la expansión de la enfermedad. El presidente estadounidense Donald Trump llegó a afirmar que “[el virus] se irá en abril con el calor”. Este mismo periódico se hacía eco de un estudio publicado en el repositorio Social Sciences Research Network que apuntaba que el calor y la humedad “podrían expulsar a España de la franja donde el coronavirus resulta más devastador”. Hoy, España tiene 10.935 fallecidos, el segundo país de todo el mundo con mayor número de muertos con Covid-19 registrados, por detrás de Italia.

En general, los expertos apuntan a que aunque si el coronavirus se comportara como virus similares de la gripe sí que podría esperarse un menor efecto en los países subsaharianos (excepto en Sudáfrica, a donde se acerca el invierno austral), esta teoría todavía no está demostrada.

“No hay evidencia ahora mismo que indique que el clima afecta a la transmisión”, sostiene Rodney Adam, director de la ‘task force’ de control de infecciones en el hospital Aga Khan de Nairobi, Kenia, a la cadena France24h.

Casos y muertes fuera del rádar

Otro problema, apuntan, la debilidad del sistema de vigilancia sanitaria, que puede dejar sin diagnosticar miles de casos. Pero también incluso, miles de muertos sin contar, especialmente en las zonas rurales, donde los fallecidos con Covid-19 pueden pasar desapercibidos como fallecidos por otras causas. El impacto real de los muertos con coronavirus en muchos países africanos -especialmente en los de peores sistemas sanitarios o inmersos en conflictos- solo será perceptible, apuntan los expertos, cuando las cifras sean especialmente altas. Hasta ahora, el país susahariano con mayor número de casos es Sudáfrica, uno de los más urbanizados y desarrollados del continente, con capacidad de practicar tests de diagnóstico a la población. Sin embargo, como se ha visto en brotes anteriores de otras enfermedades, como el de ébola en República Democrática del Congo, es difícil controlar las rutas irregulares de una población muy móvil, lo que dificulta el diagnóstico especialmente en las zonas rurales más inaccesibles.

“En estas áreas menos atendidas [por los servicios de salud] y menos accesibles, las noticias sobre el virus pueden propagarse mucho más lentamente que la enfermedad misma, y Covid-19 se unirá a una lista de otros asesinos, incluida la desnutrición y la violencia. Es probable que muchas muertes por coronavirus en zonas rurales y en conflicto no se diagnostiquen ni se registren; allí, como en epidemias anteriores, es posible que nunca se conozca completamente su alcance”, apunta al respecto Bronwyn Bruton, analista para África Subsahariana del Atlantic Council.

“Sin embargo, el número de coronavirus en las megaciudades abarrotadas y los campos de refugiados será visible y terrible”, augura.

Es probable que muchas muertes por Covid-19 en zonas rurales y en conflicto no se diagnostiquen ni se registren; allí, como en epidemias anteriores, es posible que nunca se conozca su alcance real

Si bien la mayoría de los países africanos están mucho más preparados desde el brote de SARS de 2003 o el brote de ébola de 2014-16, los sistemas de salud (que detectan y tratan enfermedades) de África algunos de los más débiles del mundo”, explica la experta en bioseguridad Ngozi Erondu, investigadora asociada del programa de Salud Global en la Chatham House, a El Confidencial.

En enero, solo dos países, Sudáfrica y Senegal, tenían laboratorios capaces de diagnosticar el coronavirus. Ahora, y gracias a un esfuerzo especial de la OMS, más de 40 tienen laboratorios capaces de detectar el Covid-19.

Pese a este aumento de las capacidades de diagnóstico en África, el propio director de la OMS, Tedors Adhanom, ha advertido de la más que probable cantidad tanto de casos no detectados como no reportados.

Sin camas en la UCI

Países europeos como España e Italia han visto sus hospitales desbordados por la epidemia. Nueva York empieza a estarlo. Cuando más desbordados están los cuidados intensivos, peor es la tasa de letalidad: los sanitarios racionan los respiradores y se toman decisiones sobre quién tiene más posibilidades de morir o vivir.

Los países subsaharianos tienen una de las peores tasas de camas de cuidados intensivos por habitante del mundo. En Liberia, por ejemplo, no hay UCIs con respiradores. Uganda tiene 0,1 camas de UCI por cada 100.000 habitantes. Sudáfrica apenas tiene mil para sus 57 millones de habitantes. En Kinshasa, capital de República Democrática del Congo (casi 12 millones de habitantes) solo hay alrededor de 50 respiradores.

Y los países africanos temen no ser capaces de adquirir nuevos suministros: a la falta de divisas y liquidez por el parón del comercio global se une la despiadada lucha por los limitados respiradores, mascarillas y batas de protección producidos en China, en donde tienen las de ganar los países más ricos, como EEUU.

Cuarentenas imposibles

Pese a que países como Sudáfrica y Ruanda han impuesto el confinamiento total de la población para intentar limitar la propagación del virus, no todos las naciones subsaharianas han podido permitírselo. Con una población muy dependiente de los ingresos diarios del comercio informal, confinarlos puede significar, como alegó el presidente de Benin, Patrice Talon, “matar de hambre a todos”. Otros países han optado por soluciones intermedias para limitar el tráfico en las ciudades, como el cierre de aeropuertos, los lugares de culto y bares o toques de queda.

Medidas básicas para la prevención del contagio, como lavarse las manos a menudo o la distancia social también pueden ser difíiles de aplicar en los populosos asentamientos chabolistas de muchas capitales africanas. La falta de acceso al agua corriente (y por supuesto de otras medidas de contención, como las mascarillas) podría, según temen los expertos, amplificar la tasa de contagio de coronavirus.

Crisis económica

De la que no se va a salvar África es de la crisis económica, que ya se está sintiendo desde que China se vio obligada a cerrar cuando estalló el brote el pasado enero. Por ejemplo, China es el comprador del 95% de todas las exportaciones sursudanesas, del 61% de las angoleñas y el 58% de las de Eritrea.

Una estimación de la Comisión para África de la ONU estimó que el continente podría perder al menos 1,4 puntos porcentuales de su PIB. Brookings estima una pérdida de 2,1 puntos porcentuales del PIB para África Subsahariana si se prolonga la pandemia.

Aunque ahora el foco está en los países europeos, advertía el presidente de Etiopía, Abiy Ahmed Ali en una columna en el Financial Times, “si no se derrota el virus en África, regresará de nuevo con más fuerza al resto del mundo”.